Es que no falla, debo ser de un sexi supino para ellos y no estoy exagerando. Si me siento en el jardín las hormigas me comen, las moscas hacen apuestas con avispas, abejas o cualquier otro insecto volador para ver quien será el primero en probarme y si por casualidad me dan una tregua, las lagartijas se acercan hasta el punto de subírseme en lo alto. Las mariposas suelen posarse de cuando en cuando sobre mi al igual que los pájaros, estos incluso se lanzan contra los cristales de mi casa queriendo entrar cuando están cerradas la ventanas.
Dicen que las ratas huyen de la presencia humana y que el ruido las asusta, pues yo encontré una bebiendo caldo en un tetrabrik al abrir la puerta de una despensa, y no, no salió despavorida al oír mis gritos, se limito a sacar su cabeza del envase, mirarme tranquilamente como si me dijera: “cierra que me molestas”; así que no, de mi, no huyen tampoco.
Si es que soy una calamita, cuando salimos al campo si hay fauna conmigo tienes un porcentaje muy elevado de verla, si hasta un topillo se suicidó contra mis botas un aciago día de excursión, cuando al vernos entre su ceguera y mi sobresalto calculamos mal y chocamos, con unas consecuencias nefastas para él, claro, yo por mi parte gaste las reservas de pañuelitos y casi le hago entierro y funeral.
Y como soy tan magnética para tanta variedad de especie, ahora he hecho nuevos amigos, se llaman Rhynchophorus ferrugineus Olivier, si eres capaz de leerlo sin que se te trabe la lengua ya llevas unos cuantos puntos a tu favor, yo no puedo, pero como es inquilino mío lo llamaré Picudo rojo.
Este chicarrón es un coleóptero originario de las regiones de Asia y polinesia pero muy viajado, se ha ido recorriendo todas y cada una de las regiones subtropicales instalándose en el continente africano, estaba cantado que cogería una patera y se plantaría en España.
Mis camaradas ya son descendientes de estos viajeros, así que no se si vinieron de Huelva, Málaga o Cádiz. Creo que realmente vinieron de la palmera del vecino después de habérsela manducado por completo, porque no os lo había dicho, se pirran por hincarle el diente a una. Han convertido a la especie canariensis en su delicatessen. De este modo cuando le dieron matarile al primer ejemplar en lugar de convertirse en ocupas de las palmeras más cercanas nooo, ellos hicieron conclave y decidieron venir a instalarse en la casa de la magnetita 40añera.

No sólo han encontrado un ático con vistas fantásticas al Aljarafe sevillano y un buffet libre con su sabor favorito en mi palmera sino que encima se dedicaron a darse paseos alrededor de mi persona.
Si es que tengo un don, un “don de bichos” pero lo voy a subastar por Internet porque esto, ya empieza a salirme muy caro, esta vez mis amiguitos me han costado: el tratamiento, la Palmera, un picotazo y “300 leuros” por talarla, más los desperfectos que la grúa del ayuntamiento causo en el procedimiento.
Eah! ser malos que es más divertido





