domingo, 15 de abril de 2012

...Y con esta ya van cien.

Para ti viajero desconocido que cada año 
mueres de nuevo
Su mente se sumergía en aquel sopor placentero en el que anhelaba instalarse permanentemente pero su lucidez, se negaba a marcharse y dejar su cuerpo a merced de aquel insensible aunque plácido destino. Por ello, a ratos le devolvía a la realidad; era entonces cuando el gélido frío adherido a su cuerpo le recordaba en el lugar en que se encontraba y una mezcla de dolor, miedo, angustia y desesperanza le invitaban al abandono.
Los párpados le pesaban como la lápida en la que nunca cincelarían su nombre y un pensamiento irónico le produjo un amago de sonrisa que sus mortecinos labios se negaron a ejecutar. Allí estaba rumbo a ese nuevo mundo, camino de esa nueva vida con la que tanto había soñado y por la que trabajó durante años. Recordó como había conseguido cada chelín y cada penique, las noches en las que contó y recontó las monedas hasta conseguir aquella pequeña fortuna. Como una mañana gris plomiza paseó por aquel puerto hasta las oficinas de la White Star donde 3 libras fueron el pago de las puertas del cielo. Cuando sus manos acariciaron aquel papel no le volvió a importar el tiempo ya que el sol se instaló en su corazón de manera permanente ¿Donde estaba ahora?. 
Se vio a si mismo guardando el pasaje y paseando por las calles de su pueblo donde muchos le deseaban lo mejor. Luego con el billete doblado en el interior de su bota encaminó sus pasos hacia el cementerio de San Colemant’s para despedirse de sus padres.
Unos días más tuvieron que esperar sus sueños para zarpar rumbo la isla de San Ellis hasta que, a la 1:30 de aquel 11 de abril las 49 campanas del carillón de la catedral de Queenstown le dijeron adiós mientras las sirenas del insumergible le contestaban como tenores aventajados de aquel coro de barcos que poblaban el muelle.
Un escalofrío y sus oídos distinguieron música enredada entre una cacofonía de gritos, suplicas, crujidos y plegarias, por fin pudo abrir sus ojos. Lo primero que pudo contemplar fueron sus pies desnudos y azules flotando sobre un espejo negro, más arriba el cielo lo observaba cuajado de estrellas y el frío volvió a cabalgar por su cuerpo.
¿Cuanto tiempo había pasado desde entonces, 3 ó 4 días?. Una sensación de Déjà vu se instaló en el en aquellos últimos momentos de lucidez mientras se rendía a los brazos de la muerte, esta le susurró dulcemente al oído: tranquilo ya estoy aquí de nuevo y con esta, ya van cien.

Eah! ser malos que es más divertido

viernes, 6 de abril de 2012

Primera Madrugá


Aferrada a su mano como único salvavidas se dejó llevar navegando por las bullas de gente que como ríos de aguas bravas la arrastraban por las calles de Sevilla aquella lejana madrugada. 
Aun no deshilachaban las claras del alba cuando el gentío comenzó a enmudecer dejando paso al silencio, roto por el rachear de alpargatas y la lejana voz del capataz. Cirios portados por nazarenos se desangraban sobre los adoquines.
Arropada entre sus brazos, fusionados con la multitud sus pupilas, ávidas por nutrirse con cada detalle, reflejaron la suave luz de los ciriales; sin poder verlo todavía imbuida en el ambiente pasó revista a vocablos insólitos: palios, varales, bambalinas y parihuelas se mezclaban con levantá, arriá, iguala o chicotá. Aquel nuevo lenguaje revoloteaba en su mente cuando escuchó una voz desgarrada llorándole al aire y elevándose a la luna. Tres golpes secos de martillo, una nueva levantá, se acercaba. 
Su sombra cimbreó en la tapia del Arco del Postigo, paredes cargadas de historia acunaron su contorno reptando con paso cansino. Con la piel de gallina se dio cuenta que contenía el aliento temiendo que aquella cruz chocara,  entonces...
...entonces sus ojos tropezaron con el bajo aquel arco de Sevilla. 
Con el, un hombre de cedro y mirada perdida, labios cuarteados, boca sedienta, cansado, demacrado por el suplicio. La corona de espinas derrama hilos de sangre por su frente y una púa le perforando su ceja.  
Su dolor le traspasó el alma y ella, excomulgada decretada por Roma, declarada abiertamente agnóstica descreída, cayo rendida ante el poder de su embrujo para ser suya desde entonces y para el resto de sus madrugás en Sevilla.




Eah! ser malos y pecar con Dulce Tortura que no están los tiempos para amarguras

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