viernes, 12 de julio de 2013

Victor el ruso.


Para ti que diste la idea.

Aquella mañana había amanecido demasiado fresca para estar en junio, la canícula se resistía a entrar pero para él, era tremendamente agradable. Llevaba años en España y no terminaba de acostumbrarse al calor de la capital aragonesa durante el verano así que, no le molestaba que retasara su llegada. Tampoco conseguía perder su acento bielorruso por más clases de castellano que tomara, lo intentaba con ahínco pero hablar el “Fenya” durante tantos años no le facilitaba mucho las cosas; por ello seguía siendo “Victor el ruso” para todos. No le molestaba, tenía carácter y le gustaba mucho más que Misha como lo llamaban en Moscú. 
Recordaba que cuando le contaron que hacía referencia al nombre de un oso le agradó, le iba bien, ciertamente el poseía la fortaleza y poderío de un oso, pero luego descubrió que ese tal Misha había sido el osito de peluche mascota de las olimpiadas y no pudo contener la rabia; rabia que descargo contra todo aquel que se atrevido a apodarlo de aquella manera. Ni sus dos metros de altura, ni sus intimidantes formas fueron capaces de borrar ese nombre al que no llegó a acostumbrarse nunca.
Absorto estaba en aquellos pensamientos cuando la puerta trasera del coche se abrió, una pareja entró devolviéndolo a la realidad. Se percato que tenía las agujas de tricotar en las manos así que las dejo en el asiento del copiloto. Un vistazo a través del retrovisor y pudo ver como aquel par no iba a poder llegar al hotel o la casa, esperaba no tener que soportar una nueva sección porno en el asiento trasero.
Carraspeo para hacerse notar, el hombre consiguió separar su boca de la rubia despampanante a la que se comía para decir: 
¡Al Hotel Alfonso!
Aquella voz lo dejo petrificado, era él, su antiguo jefe, volvió a mirar con cautela por el espejo y comprobó que si, Paulovf Patinotski, la cabeza visible de la mafia Rusa, el 2ª en el orden del poder, en definitiva, el hombre del que había huido, se encontraba sentado en el asiento trasero de su taxi
Sin contestar maldijo su suerte y arranco, poniendo su cuerpo en alerta. Sabía que si lo reconocía era hombre muerto, así que se concentró en conducir sin que los dos pasajeros se percataran de su presencia. El trayecto era corto así que se dijo: ¡rápido piensa!, pero a quien iba a engañar, el no era hombre de pensar, lo suyo eran más los golpes y la fuerza. 
Al llegar a la puerta del hotel tuvo que frenar ante la salida de un coche del garaje, las agujas tintinearon al chocar contra la palanca de cambios y vio claramente la vía de escape. Entró en el parking; los tortolitos iban tan ocupados que ni se percataron pero cuando la oscuridad del sótano engullo la claridad del día, el hombre se separó de la rubia y se incorporó hacia el asiento delantero para recriminarle.
Aprovechando esta maniobra Victor tomó las agujas, se las clavó a  Paulovf, una en su yugular y otra en la femoral. 
La sangre a modo de surtidor comenzó a salpicarlo todo y la rubia sorprendida, aterrorizada y rociada del fluido viscoso comenzó a gritar. Cuando se disponía a silenciarla escucho como con una voz que no había olvidado nunca lo llamaba Misha. Se detuvo, la observó detenidamente, bajo aquel maquillaje púrpura estaba ella, aquella chiquilla con la que compartía cafés de cuando en cuando, no podía creerlo. 

-Ninoska pero tu, ¿tu que haces aquí?...

Ella respirando aceleradamente pudo contestarle:

Misha ¿Eres tu?, ¡cuanto tiempo!... 
Ya ves, aquí, me vine a España a aprender español pero como necesitaba dinero he terminado de dama de compañía; pero, ¿tu, tu como...?, ¡yo te hacía muerto! 
- Yo, bueno, ya sabes, estaba un poco cansado de que no reconocieran mi trabajo y tras un encargo que no dejó satisfecho a este pues nada, decidí irme. Llegué a España donde decían que había muchas posibilidades, ya sabes corrupción, mafia y robos a lo grande.  Así que para un tipo como yo era el paraíso pero no les hace falta gente independiente y con la crisis aquí estoy de taxista. Taxi que, ¡mierda!,  este me está poniendo, perdido,  espera un segundo que me deshago del... 

Se bajo y saco el cuerpo del coche y al disponerse a subir choco con el cañón de una 9 mm entre las cejas; cuando vio el destello no le dio tiempo a nada.
Ninoska se limpió la cara de las salpicaduras sanguinolentas y apartando el cuerpo de Misha bajo tranquilamente del coche. Se encaminó hacia su suite mientras pensaba en la suerte que había tenido, por fin se había librado de su molesto socio y había encontrado al oso que se le había escapado. 
Eah! ser malos que es más divertido

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