jueves, 31 de octubre de 2013

Un atracón al año a nadie le hace daño...(salvo a mi)

Aquí estoy un año más agarrado al retrete como si me lo fueran a robar y repitiendo cada vez que el vómito me lo permite mi frase mantra: ¡Más Nunca, Más Nunca, Más Nunca!..
Ella me observa de forma reprobatoria desde la puerta del baño sin hacer el mínimo intento de ayudar. Se que lleva razón pero no lo puedo evitar, todos los años lo vuelvo intentar; el resultado es siempre el mismo: una noche a las carreras en busca de donde poder regurgitar cada pequeño pedazo de cielo del que fui expulsado aquella aciaga noche en la que, tonto de mi,  cambié mi cuerpo por un polvazo, ¡eso si!, he de reconocer que fue el mejor de mi vida, aunque para ser sinceros, también hay que decir que era fácil de conseguir porque en cuestiones de sexo por aquella época era un auténtico pipiolo.  
Una nueva arcada me lleva a concentrarme para no perder parte de mi cara con el esfuerzo. Fijo mis ojos en el fondo de la taza, cuando los levanto me niego a mirarla, no pienso dar mi brazo a torcer aún me quedan unas horas de libertad antes de que vuelva a tener el control sobre mi y quien sabe, tal vez una ración de morcilla de Burgos con unos chorizos  y jamón de Jabugo no me sienten tan mal como el sushi del restaurante japonés al que pertenece el wáter del que me abrazo.
Me incorporo y la escucho decirme aquello que lleva toda la noche baño tras baño diciendo: ¿Que, aún no tienes suficiente?
Me limpio las babas y compruebo mi aspecto en el espejo, no estoy nada mal para ser un Gros Bon Age sin voluntad, no he perdido mucha carne, mis ojos no terminan de colorearse de rojo y mis heridas se pudren a un ritmo lento. Sacudo mi ropa que tampoco está muy deteriorada y con la mayor dignidad que puedo estiro mi espalda tratando de andar todo lo erguido que me es posible. Paso a su lado mientras le espeto: ¡Es mi noche libre, haré lo que me apetece!...
…y lo que me apetece no es otra cosa que ¡Comer!, saciar mi apetito sibarita con todas esas exquisiteces que mi pirámide alimenticia tiene prohibida desde que aquella noche de Halloween  de hace años en que ella mi bokor, me convirtiera en lo que soy hoy por el módico precio de un coito que, si, estuvo muy bien pero ¡¡leñe!!, jamás se se ha vuelto a repetir, ya que ella, mi jefa, tiene normas y una es que: no se acuesta con sus subalternos. ¡Eso se avisa coño! 
Así que ahora soy eso, un simple empleado, aclarando que muy mal pagado y alimentado y con sólo una noche al año de libertada de su dominio. 
Hoy es esa noche y yo en ella intento por todos los medios saltarme la dieta de cerebros, pulmones, corazones, hígados, intestinos y tuétanos a la que no termino de acostumbrarme, porque aunque me guste esto de ser un zombie, tengo que reconocer que hecho de menos el potaje de berros de mi madre, la lasaña vegetariana, las frutas de temporada y sobre todo lo que peor me sienta en esta mi nueva condición es no poder comer: ¡¡CHOCOLATE!!,¡Joooeeeerrrrr!! Eso si que lo hecho de menos. 
Así que cada noche de difuntos cuando puedo pasar por una persona normal salgo a las calles de cualquiera de las ciudades en la que esté realizando mi trabajo para volver a intentarlo y zamparme todos esos manjares que tenéis los humanos.
Esta noche me ha pillado en Madrid así que ya he vomitado el cocido, los bocadillos de calamares, la tortilla de patatas, el bacalao rebosado, la presa ibérica con papas y el pescado crudo al que no me he podido resistir.
Miro el reloj, se me acaba el tiempo, pero aún tengo para pasarme por la Puerta del Sol y darme un atracón en esa pastelería tan deliciosa antes que la luces del alba marquen el final de esta noche siniestra que si puedo yo, remataré con un chocolate con churros aunque luego pierda un ojo en el excusado de turno y ella me mire desde la puerta con la frase “¡Te lo Dije!” dibujada en sus labios mientras se ría macabramente.
Eah! ser malos que es más divertido

sábado, 12 de octubre de 2013

Llevo mucho tiempo sin escribir...


...y aquí estoy, tumbada en el césped viendo como se filtra la luz entre las hojas del árbol. Rayos de un sol cálido de otoño que se despide rumbo a iluminar otros sueños pero antes, garabatea sombras chinescas sobre mi piel.
Llevo mucho tiempo sin escribir y no se muy bien cual es la razón. 
Aquí tendida observando como el viento mece con dulzura las ramas y baila las hojas que ya amarillean, algunas incluso se precipitan, terminan o comienzan un nuevo ciclo de vida, de muerte; un principio, un fin; no se, tal vez sea solo un proseguir.
Hace mucho tiempo que no escribo, no me brotan las palabras. 
Una hormiga se pasea por mis piernas, explorando e indagando centímetro a centímetro mi piel. Cosquillea, observo como el azul de cielo se oscurece lentamente.
Hace tiempo que no escribo, no hallo vocablos que engarcen mis sentidos. 
El grumete ladra y corretea a mi alrededor, se tumba a mi vera y lame mi oreja, lo acaricio, siento su suavidad entre mis dedos.
Hace mucho que no escribo, he perdido la destreza de coser las letras en una estructura correcta que esclarezca sensaciones... 
...mis sensaciones. 
Una ráfaga de viento eriza los vellos de mi dermis en esta cálida tarde de otoño. Cierro los ojos e inspiro me introduzco en mis adentros, escucho atentamente el mi latido acompasado.
Hace tiempo que no escribo, he postergado la tinta por la sangre de mis venas. 
El grumete me abandona va de caza patinando en la hojarasca y yo sigo en mis adentros deambulando por mi mente, por mi sangre, por mi cuerpo, me estremezco, escalofrío recordatorio de mi físico, he de volver, abandono el viaje hacia el centro de mi ser. 
Tengo frío y si, es cierto...
...Llevo mucho tiempo sin escribir. 

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