lunes, 16 de diciembre de 2013

Cena con "amigas"...


¡No falla, es que no falla!, basta que tu estés ahí a lo tuyo, tranquila, disfrutando de tu mundo, olvidándote del mundanal cosmos, sin atender a cotianidades calóricas malsanas, saboreando lentamente lo que la vida te va dando, en mi caso: mis pizzas, mis risottos, mis pastas, mis helados, pastelitos y capuchinos; potajes y cocidos, chacinas y quesos...
Sin detenerte en el molestísimo acto de contabilizar centímetros y michelines de mas, flacuras de menos. Dándole libertad a tu cuerpo para avituallarse con nuevas acumulaciones adiposas y así soportar los fríos venideros; para que llegue esa noche en que sales a seguir disfrutando de los placeres de la vida y algún alma caritativa que, por supuesto, no te envidia nada, nada, se preocupa muchísimo por tu salud, te quiere a morir, (debajo de un coche si es posible o mejor si es un camión de obras públicas) y al saludarte suelte una frase del tipo: 
¡Pero que mona estás, parece que el otoño te está sentando la mar de bien... ¿no estas un poco mas...
...llenita?!”
Y ¡Zas! en ese mismo instante oriente como una brújula recién calibrada todas y cada una  tus neuronas neuróticas, esquizofrénicas a darte cuenta de que estas gorda y ¡claro! te da la cena, porque no contenta con haber centrado tu atención en el incipiente molletito que se comienza a vislumbrar en tu cintura y que tu ves ya como esa rueda de camión con la que ella te hubiera atropellado; también te hace percatarte que las navidades han llegado y que con tanta comilona venidera la cosa va a empeorar. 
Es justo ahí cuando ella se da cuenta que te ha asestado un golpe que te está haciendo tambalear y pone esa sonrisa cordial de la que cuelga el cartel: “Sinceridad de Amiga que Te Quiere” y tu con la mano izquierda aprietas el cuchillo de la carne con el que le rebanarías el pescuezo mientras con la derecha te llevas la copa a los labios y dejas que el vino neutralice ese sabor a mala leche cortada que se ha apoderado de tu boca y amenaza con no dejarte probar bocado. 
Pero entonces la embocadura de ese caldo se desliza por tus papilas gustativas y como si fuera una bebida isotópica  energizante te devuelve a la partida y la miras con la certeza de que estás divina de la muerte. Te das cuenta que esos kilos de más, en los que no te habías fijado,te quedan la mar de bien y son el resultado de probar, saborear y experimentar la gastronomía de este y otros piases por los que has paseado tu cuerpo serrano; de mañanas remolonas entre sabanas y edredones; de siestas calentitas frente a la chimenea; de veladas de vinos buenos entre amigos que gozan del momento y no se dedican a medirte y pesarte sino que disfrutan de tu compañía; de unos ojos que si no todos los días, si la inmensa mayoría, te dice lo guapa que estas sin que te hayas ni peinado, de coleccionar nuevas y viejas sensaciones. 
Son, en definitiva, el producto de haber disfrutado de la vida como te da en la nariz que ella no lo ha hecho en mucho tiempo y es ahí cuando vuelves a ser tu misma y sientes una inmensa pena por tu... 
..."amiga".
Eah! ser malos que...
...mejor: 
Ser muy malos* 
que es Navidad y toca divertirse.

*Entiéndase  malos como sinónimo de traviesos,
 diablillos, pícarones y pillos.

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