miércoles, 29 de enero de 2014

Y este año tampoco puedo llamarte...

A mi padre...

Hoy he despertado sintiéndome rara, algo crepitaba en mi interior sin saber muy bien que era lo que ardía. El sol salió pero su luz no era la misma, no se, era como más apagada; las nubes abandonaban su tersura e iban encapotando el cielo a la misa velocidad que mis ánimos y aún, sin salir de la cama, ya sentían unas ganas desbocadas de llorar.

Y me levanto...
y el suelo está frío...
y las lágrimas brotan solas...
y este año tampoco puedo llamarte...
y te extraño...

Es que hay fechas en el calendario que hacen que mi corazón perciba claramente ese vacío que dejaste, ese que pensé el tiempo podría rellenar. Pero cada año se engrandece y ni los nuevos abriles con todas sus flores no son capaces de completar, ni los veranos venideros calentarán y que los inviernos pasados y futuros siempre, siempre enfriarán...

Y tiemblo como si nevara...
y tus brazos no están para abrazarme...
y quiero volver a oír tu voz... 
y este año tampoco puedo llamarte...
y te extraño... 

Hoy mientras me peinaba al mirarme, el espejo me devolvió tu mirada fue entonces cuando el llanto casi se vuelve incontrolable, porque hoy hubiera sido tu cumpleaños. 

Y no habrá tarta ni velas...
y no habrá cantos que la acompañen...
y no habrá sonrisas...
y este año tampoco puedo llamarte...
y te extraño...

Seguirá pasando el tiempo, no se cuanto me toca vivir; sin ti... 
Pero si se que te seguiré echando de menos, continuaré con mi vida sin poder contarte, añorando tu voz, tu olor, tu vida y tampoco podré... 
...felicitarte. 

viernes, 10 de enero de 2014

Tengo ADN viajero


Si me pongo a pensar llevo toda mi vida trasladándome de un lado a otro y haciendo maletas, creo que los cromosomas de mi ADN tienen el viajar como una de las instrucciones genéticas primordiales, no me extraña, si tenemos en cuenta que a mis padres se les ocurrió engendrarme en una paradisiaca playa caribeña a cientos de kilómetros de casa y tras un largo viaje en coche.  
Así que no es una sorpresa que siempre me hayan gustado las historias cuyo argumento se desarrolla a lo largo de un viaje y que viajar sea una de mis pasiones, pero entendiéndolo no como el simple hecho de desplazarme de un lugar a otro, no, no, así no, porque de verdad, nunca he querido ser Phileas Foog; pasar por Calcuta, Honk-Kong, Nueva York, Burdeos o Liverpool, ósea dar la vuelta al mundo en 80 día a toda leche para cumplir un horario me da escalofríos. Se me cierra el estómago y me produce una angustia tal que antes de salir acabaría con la producción de antiácido y “Tranquimanices” para los nervios que tuviera la farmacia de mi pueblo.  
Lo mío ha sido ser un viajero más del tipo Marco Polo, este si que sabía hacer las cosas fíjate: veinticuatro años de viaje y mas de 24.000 km; eso amigo mío, es viajar a mi ritmo, menos de 3 km al día, ¡así se hace!, sin prisas, con la pachorra adecuada para conocer los lugares que visitas a conciencia...
...¡y tanto!, no sólo llegas a comprender el sitio sino que te sabrás hasta el nombre de cada guijarro del camino, no me extraña que llegara a inventar tropecientas recetas de pasta. 
Bromas a parte, viajar al estilo japonés es un asco, llegar buscar lo más pintoresco y hacerte la foto para salir corriendo a un nuevo destino donde volver a tomar otra con la que presumir en tu  Facebook no es viajar, tal vez ese tipo de viajero ha hecho que los destinos turísticos míticos esos con los que todos soñamos hayan perdido su personalidad convirtíendose en parques temáticos para “guiris” que ofertan esas instantáneas pintorescas vacías de todo aquello que nos atrajo y eso, eso me entristece.  
Unamuno decía que se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte, no estoy de acuerdo, nunca me ha gustado huir, no creo que los héroes de Julio Verne y J. R. Tolkien huyeran tampoco personajes como Jasón, Eneas, Odiseo o el mismo Dante cuando viajo a los infiernos. No, ellos se enfrentaron a los mayores peligros, miedos y desafíos en sus viajes en busca de algo mucho más profundo, una experiencia vital que los cambia, los hace evolucionar crecer y trasformarse en las personas que terminan siendo en definitivas,  es una metáfora de la vida. 
No se porque me ha dado por elucubrar sobre este tema, tal vez porque los dos últimos meses he estado viajando y comprobando sobre el terreno como lugares legendarios se han masificado perdiendo autenticidad, o porque acabo de cumplir años, me hago vieja y todo lo voy percibiendo de otra manera. Cada momento cuenta de forma diferente en la vida y me hace percibir que es ella el viaje más importante que he realizado, ese que me ha llevado a ser la que he sido, la que soy... 
Así que si, tengo un ADN viajero porque aún me quedan muchos destinos por visitar para concluir la persona que llegaré a ser.
Eah! ser malos que es más divertido

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