sábado, 16 de agosto de 2014

Sensaciones con sabor a Verano



No hay nada comparable a bailar bajo la lluvia de una tormenta de verano, no se si lo has hecho en alguna ocasión. Yo, recuerdo perfectamente cada sensación de aquella primera vez. 
El calor sofocante justo antes de que mis oídos captasen el sonido de los truenos acercarse retumbando; las primeras gotas enormes cayendo espaciadas sobre mi cuerpo; el impulso de salir corriendo para refugiarme bajo techo como haría cualquier ser cuerdo, sensato y prudente; el color gris aburrido del un cielo que segundos antes había sido de un azul intenso; la energía...
Sentir proporcionalmente como se intensificaba la cuantía del agua y las  sensaciones, el frescor paralizando el impulso de mis piernas por huir a guarecerse y ya no querer correr. Me acuerdo quedarme quieta y mirar al cielo percibir como se me empapaba la cara mientras mi mente irracional luchaba contra la racional que seguía enfrascada contando los segundos entre estallido y estallido para calcular si los truenos traían guarnición eléctrica y recomendando apagar el “radiocasete” y, en un instante mágico, ¡zas!, cambiar todo. 
Dejé de oír los truenos, de contar, de calcular, dejé que mi cuerpo se percatase de todos los detalles y así noté mi ropa empapada pegada a mi piel, mi pelo chorreando; como el calor me abandonaba y  la música se colaba por mis oídos erizando los vellos; me sentí: ¡viva! 
Así que abrí los brazos y comencé a girar, a reír y a bailar sin rubor, sin vergüenza, hasta que paró y yo calada y revolucionada continué por unos instantes saboreando aquel momento. 
Nunca podré olvidar el olor a tierra mojada, el sonido mezclándose con aquella canción, el sabor de la lluvia, la energía, que se pegó a mi alma y esas ganas locas de vivir...
No, para mi no hay sensación igual, hay otras parecidas pero la magia de esa fue distinta, fue una huella que sabe, huele y se se siente sólo ahora, en ¡VERANO!
Luego ha habido otros bailes bajo lluvias otoñales o primaverales, las invernales mejor no, aquí las cabriolas tienen contraindicaciones para la salud; pero, nunca he sentido lo mismo que cuando lo hago en esta época porque he de reconocer que aunque el estío no es mi estación favorita la espero para ver si se presenta esa tormenta propicia que me invite a bailar. 
Es una temporada fabulosa para recolectar sensaciones, esas que parecen sembradas a principios de primavera y que el calor ha madurado para que ahora las disfrutemos. No se cual es la razón, quizás sea el aumento de horas de la luz solar que recargada nuestras reservas de vitamina D o el efecto vasodilatador de la canícula que favorece la circulación desbocada de nuestra sangre y permite que nuestras tensiones, no solo la arterial, disminuyan; no lo se, lo que si se es que, a lo largo de los muchos veranos de mi vida he tenido la suerte de vendimiar un montón de percepciones con efectos similares a mi "danza de la lluvia" y que sólo se pueden sentir en verano, son marcas inequívocas y señas de identidad de él.
Se que llego algo tarde, pero aún queda tiempo suficiente para desearte que pilles una buena tormenta y la disfrutes o si no, que paladees alguna de esas antiguas y nuevas sensaciones propias. No las dejes escapar vívelas antes de que caduquen con la llegada del equinoccio otoñal periodo en el que nos encontraremos nuevamente y al amparo de un vino, un café, un te o lo que te apetezca, nos las contaremos.
Eah ser malos que es más divertido!

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