jueves, 1 de agosto de 2013

¡Yo no quiero ser gilipollas, quiero ser princesa!

Llevo unos días sintiéndome extraña, es algo que me ronda desde hace semanas. Empezó como una leve percepción, un pensamiento evolutivo que surgió sin que me percatara de ello, no se exactamente cuando pero ha terminado por instalarse en mi cerebro pasando a convertirse en un sentimiento tangible y palpable. Me tiene preocupada, porque si en principio no sabía muy bien que era, tras un análisis pormenorizado de la sintomatología solo se me ocurre que lo que me sucede es un ataque de gilipollez puro y duro. 
Si, si, soy una auténtica gilipollas y lo peor es la cara que se me ha puesto al descubrir que no es reciente, viene de largo; así que me he dicho, necesito terapia de grupo, como en Alcohólicos Anónimos, esa en la que te levantas le dices a todo el mundo aquello de ¡Hola me llamo fulanita y soy alcohólica!, que digo yo que ellos ¡fíjate que curiosos! no lo sabían, seguro que pensaban que eras una vendedora de enciclopedias que habías pasado por allí, no te...; me desvío y yo he venido a declararme oficial y públicamente gilipollas así que amigos: aquí La Cuarent, una autentica gilipollas, les saluda. 
Creo que todo empezó con mi educación, a mi no me instruyeron para ser princesa, no no, yo he sido orientada a ser una mujer liberada, independiente, autosuficiente y autónoma. Eso de tener un príncipe pituso a mi vera, como que no; así que nunca tuve la necesidad de un infante para que me eligiera los zapatos, que por otro lado si los elige bien di tu que muy azul no es.
A lo que iba, yo he sido una chica moderna pero como fémina, extraña. Cuando mis amigas practicaban morritos franceses, caídas de pestañas seductoras y sabían que maquillaje le sentaba mejor a sus tonalidad y tipo de piel, aspectos tremendamente femeninos a los que por desgracia he llegado muy, muy tarde yo en cambio, sabía de otras cosas, cosas como marcas de coches y motos, motores, bricolaje, mecánica y herramientas así que me gustaba y me gusta más visitar la sección de ferretería que la de cosmética de cualquier establecimiento. De esta manera, siempre me he encargado de ese tipo de labores que mis amigas, sabiamente por cierto, delegaban en sus camaradas o parejas mientras yo tontamente perdía más de una uña cambiando alguna rueda o tragaba polvo del taladro. 
Cuando llegó a mi vida un jardín no tardé en aprender de sierras, hachas, podadoras  y máquinas corta césped. Las uso, las engraso, las desmonto y las vuelvo a montar consiguiendo ese extraño milagro de que no me sobren piezas y esto hasta hace poco, me hacía extrañamente feliz. 
Pero desde hace un tiempo, no se, no se, me estoy replanteando este papel mío de Juan Palomo. Quizá sea culpa de los calores veraniegos o que veo a más de una de mis amigas princesas ya hechas unas autenticas reinas; o simplemente porque la edad no perdona y me pesa mucho esto de trabajar; aunque estoy totalmente segura que en este cambio mucho tiene que ver mi bocazas subconsciente al que le ha dado por repetirme una y otra vez: ¡mira que eres gilipollas!,  tu aquí trabajando con lo agustito que podrías estar ahí con un refresquito viendo como lo hace algún maromo, preferiblemente macizorro que te alegre la vista, ¡pedazo de idiota!
De esta manera creo que ha conseguido colar en mi esa sensación, esa percepción de que definitivamente he estado equivocada toda mi vida y tendría que haber estudiado para princesita, porque ellas si que lo han tenido claro, han sabido entender que eso de la liberación femenina no era otra cosa que: Dejar que otros curren por ti y no hacerlo tu pedazo de...
...lo dicho:¡Gilipollas! 

Eah! ser malos que yo 
estoy muy ocupada y no puedo. 
¡Ah! y ¡Feliz verano!
para los que estén por estas latitudes claro

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