viernes, 31 de agosto de 2012

Puedo prometer y Pometheus


Si se que soy propensa a tener amoríos transitorios con la vagancia el holgazaneo pero esta vez no ha sido así. Puedo prometer y prometo que no he estado tumbada zanganeando por ahí cebando michelines y viendo como los minutos se transforman en horas y estos se metamorfosean en días. No, no; en esta ocasión ha sido más bien como un aislamiento voluntario de la realidad irreal para poner al día mi psique con algo más que el cuchicheo 2.0 por el que últimamente paseaba que, aunque magnífico y divertido, me estaba despistando en demasía de obligaciones y actividades agolpadas en innumerables listas a la espera que mi cerebro les diera chance.
Así que puse manos a la obra cerré la ventana virtual; vale no del todo de cuando en cuando culichecheaba los Twist y los Faces en el teléfono; pero he comenzado a ponerme al día en ese repertorio desidioso de libros por leer, películas y series varias por visionar, música por escuchar, limpiezas por hacer, ropas por planchar, jardines por cuidar, confieso que estas últimas fueron realizadas de muy mala gana y algunas aún siguen en estado de abandono facultativo.
Con la música no ha habido problema me ha acompañado mientras realizaba las otras cosas pero en el caso de los libros fue empezar con el primer ejemplar y ser atacada por el “síndrome zampón” ese que te hace querer más y mas, con lo cual acapara tu tiempo y tu mente de forma tan sumamente placentera. 
Cuando me pude escapar tiré para el cine pero es aquí donde me he llevado un chasco monumental, porque, aunque he encontrado algunas excepciones curiosamente no hollywodenses dignas de entradas propias, la mayor parte de la cartelera me ha llevado a preguntarme: 
¿Que coño le está pasando a estos americanos?  
(Pido perdón si te parece soez mi vocabulario pero, no encuentro sinónimo que exprese lo mismo más que carajo y en el fondo viene a ser igual pero en versión masculina).
Siguiendo con el tema; tal vez se les ha derretido el cerebro, porque la mediocridad campa a sus anchas por esos lares. A los directores se les han acabado las buenas ideas, los guionistas o están alelados o han emigrado a un lugar muy, muy lejano, los productores engullen hojas de cálculos trasnochadas y los actores prestan su imagen a un juego que repite fórmulas que dieron suculentos beneficios otrora con secuelas, precuelas, remakes y absurdos que asesinan los sueños de aquella antigua fábrica. 
La verdad es que yo no pido mucho, no necesito que al salir de la oscuridad de la sala mi mente haya dado un salto en su nivel cognitivo y pase a tener una tertulia transcendental sobre lo divino y lo humano o que me transporte al país de Alicia , no es eso. Busco que me sorprendan y diviertan, que de cuando en cuando, se me escape alguna lágrima y ¿porque no? que en ocasiones me hagan plantearme temas para pensar, en definitiva busco sentir y no precisamente náuseas que ya bastante se me revuelven las tripas a la hora de desembolsar el precio de la entrada.
Así que cuando me decidí ver “Prometheus”, creí apostar a caballo ganador. Avalada por Ridley Scott creador de gemas cinematográficas como “Alien”, “Blade Runner” o “Gladiator” y con un reparto más que aceptable, debía, por lo menos, quitarme el mal sabor de boca que se me estaba quedando pero, tras enfrentarme a 125 minutos de repeticiones de: "gestaciones bicheriles, lombrices babosas que les gustan las oquedades del cuerpo humano, robot sabelotodo pierde cabeza, sustos manidos y sinsentido"; la película terminó siendo aparte de decepcionante otra piedra en la tumba de esta industria. 
Menos mal que me puede refugiar el algunas buenas series de TV para quitarme ese mono de innovación y calidad que tanto añoro en la gran pantalla y que en cuanto abro mi ventana 2.0 para encontrarme con vosotros hallo mucho combustible para poner en marcha mi imaginación y por supuesto...
...mis sueños.
Eah! ser malos que es más divetido

sábado, 18 de agosto de 2012

Agujetas en el culo, mala leche en la cabeza, tristeza en el corazón


¡Joer tengo agujetas en el culo!; ¡ups perdón!, tal vez quede más elegante llamarlo trasero, posadera, pandero o pompis. Y ya que nos ponemos tiquismiquis tendría que haber empezado diciendo algo así como: “¡Jolines tengo mialgia diferida en mis gluteos!” pero, ¿a quien voy a engañar?, yo soy un espécimen algo más vulgaris.  
La verdad es que lo llame como lo llama seguiré teniendo agujetas en el. 
El dolor no es fuerte pero si bastante molesto y lo peor, es que no viene emparejado con esa sensación de satisfacción que se siente tras realizar ejercicio, no, no; mis molestias dolorosas han llegado a mis gluteus maximus, medius y minimus, a través una vía menos tradicional y si algo más obvia a la naturaleza haragana de mi cuerpo. Lo mío es definitivamente culpa del “tumbing sofákero” tras el empacho de Juegos Olímpicos que me he pegado.
No se lo que me pasa pero cada cuatro años lo mismo y mira que siempre me digo: ¡Este año no, no voy ha caer!, pero, es comenzar la ceremonia de inauguración y ¡zas!, ya estoy sentada delante de la tele como si esta desprendiera algún tipo de sustancia psicotrópica que atontara mi cerebro y me obligaran a contemplarla como embrujada. Me convierto en una adicta, una auténtica drogadicta que todos los días al despertar necesita su chute. 
No lo entiendo, porque a mi si me gusta el deporte pero más para practicarlo que para observarlo y si tengo que ver algún evento deportivo no son muchos los agraciados con mi tiempo; pero durante este corto periodo me transformo y me lo trago todo, todo, si no, como se explica que viera los partidos de bádminton, ¡pero por favor si no jugué ni cuando pequeña al dichoso jueguito!
¡Y lo del tiro!, dónde me lo dejas, yo, que pertenezco a la liga antiviolencia en donde las armas son mis archienemigas, a las que no entiendo ni quiero entender. 
No me llevo bien con ellas, todavía recuerdo que por su culpa una vez un grupo de amantes de la cinegética casi me linchan a mi y al osado que me invitó a la cacería. ¡Exagerados! si solo intenté salvar unas pobres perdices de ser atacadas a traición tocando las palmas y gritándoles que huyeran... 
...Espera un momento, ahora que lo pienso, la verdad es que monté un guirigay a lo Greepeace que ni te cuento, ¡ays la juventud! 
Pues incluso con estos antecedentes he terminado animando los tiros del español para que con su último disparo consiguiera una medalla de caramelo. 
Creo que esto sin lugar a dudas es culpa de eso que llaman endorfinas, va a ser eso fijo y como las mías son tan sumamente vagas solo dejan notar sus efectos cuando hago “tumbing”. O tal vez sea que mi inconsciente prefiere atontarse totalmente a base de sobredosis deportiva para no tener que enfrentarse a deprimente realidad de cada verano en este país nos toca vivir y me aferro a cualquier droga que apacigüe la mala leche que se concentra en mi cabeza.Porque contemplar como año tras año al llegar el estio algunos capullos se dedican a quemar nuestros bosques y como otros capullos más grandes; que no han sido capaces de solucionar este viejo problema; se dedican a utilizar la desgracia de nuestra naturaleza y la de muchas gente que vive en y de ese entorno, para sacar rédito político me pone enferma. 
Esta situación consigue sacar a la superficie mi parte más agresiva esa que no tiene autocontrol y que se plantea una alianza con sus archienemigas para montar una zapastiesta digna de Michael Douglas en Un día de Furia. 
Así que ahora que han acabado los juegos olímpicos y vuelvo a ver la realidad, aquí estoy con agujetas en el culo, mala leche en la cabeza y una profunda tristeza en el corazón.
Eah! ser malos que es más divertido

lunes, 6 de agosto de 2012

Reencarnación.

Al despertar su corazón seguía cabalgando desbocado pero ya no estaba aquella maldita opresión que lo impulsaba hacia su boca para vomitarlo como en una mala digestión, el dolor había desaparecido. 
Se preguntó: ¿cuanto tiempo había permanecido inconsciente?; quiso hilvanar los últimos recuerdos pero solo consiguió pequeños flashes, imágenes inconexas que acudían a su memoria dejándole sonidos llenos de llantos, gritos y el cantar de las sirenas. 
En cambio, si recordaba nítidamente el sabor, aquel gusto que inundó su paladar; no llegaba a ser salado, tal vez agrio, avinagrado, ¿habría regurgitado al final el corazón?...
                 ...no, aún lo sentía palpitar en su pecho además, respiraba, tal vez de forma algo acelerada pero respiraba. 
Inhaló y exhaló intentando acompasar el ritmo, no lo consiguió pero a pesar de ello, se sintió bien, descansado, tranquilo, diría que incluso alegre.
Abrió los ojos, no veía con nitidez; las cosas que rodeaban eran extrañas y muy grandes, era como si él hubiera mermado o quizás las dimensiones de todo habían incrementado. Por primera vez se sintió distinto.
Desorientado se preguntó donde estaba, ¿una cama? si era una cama suave, acogedora y cómoda, quizás estuviera soñando. 
Giró su cuerpo con más agilidad que la que esperaba y sus ojos tropezaron con ella. Sobresaltado se quedó muy quieto y pudo observar su rostro. ¿Quien era aquella mujer que dormía a su lado? 
Tenía una cara hermosa, serena pero aún dormida, se podía ver un halo de tristeza maquillando sus facciones.
Sintió como un impulso incontrolable se apoderaba del, tenía que besarla. Sus movimientos la despertaron y cuando ella abrió los ojos y lo miró sintió vértigo. ¡Esos ojos!...
Le dijo: ¡Hola chiquitín! y el sonido de su voz estallo en sus oídos convirtiéndose en la guía que hizo encajar todas las piezas en su memoria dándole forma a sus recuerdos olvidados del momento, ese instante anterior a la inconsciencia.
Pudo verla, ella algo más joven, llorando y gritándole desesperada: “no me dejes, respira no me dejes por favor, me lo prometiste, no me dejes, ¡por favor no te vayas, ¡nooo!”. 
Luego los médicos; las descargas en su pecho; el dolor; el sabor y la nada, la nada que lo envolvió todo.  
Su ritmo cardiaco se aceleró y se sintió feliz, quiso decirle que había vuelto que estaba con ella, que no se había ido, que seguía a su lado tal y como le prometió, para siempre, pero al intentarlo el único sonido que se escuchó en la habitación fue el de unos agudos ladridos.
Eah! ser malos que es más divertido y en verano sienta mejor.

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